Aunque la verdad, es que creo nos gusta engañarnos. Ya saben, ese momento en que sabemos que todo saldrá mal y seguimos prometiendo que todo saldrá bien. O ese momento en que mentimos sabiendo que nuestra mentira no durará mucho tampoco. Los humanos seguimos engañándonos constantemente, creando una realidad que queremos. Cómo pensar en decirle algo a tus padres y creer que por primera vez entenderán, que ellos no irán en contra de tus deseos, que tomarán en cuenta tu forma de ser, qu
e no exagerarán todo hasta el límite y que dejarán de tener ideas tan retrógradas y antiquísimas. Pero la realidad es que cuando hablas, te das cuenta que te estabas engañando, no hay modo de cambiar a una persona que ha sido así durante tanto años, y la única solución posible para ellos es que cambies tu ¿porqué? porque ellos no están dispuestos a entender este nuevo mundo con sus modismos, ellos están para entender el suyo y ese es el gran problema entre generaciones.
Los libros, las series de televisión, programas infantiles, videojuegos, etc. Todos ellos están hechos para darte una realidad alterna que puedas realmente disfrutar. Y a todos nos encanta por que tenemos mucha variedad. Si no me gustó un libro, fácilmente puedo escoger otro cuya realidad sea más a mi estilo, más como me gusta. Por eso es que nos volvemos tan adictos a las cosas, porque nos gusta la realidad que nos plantean mucho más que nuestras propias vidas. No podemos controlar a la gente a nuestro alrededor, mucho menos a los que represan una autoridad ante nosotros, pero en nuestras vidas alternas, las personas actúan justamente como queremos, como nos gustaría. ¡Y aunque no sea así, no nos afecta! ¡Vaya paraíso, vaya engaños! Pero sí que es dulce tenerlos. Es placentero, llena esa parte vacía en nosotros esas pequeñas realidades alternas. Hacen nuestra vida más llevadera, la hacen más manejable. Hacen todo infinitamente más fácil.
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