sábado, 23 de agosto de 2014

Un beso..

Me acerco a ti, imagino que mis ojos deben tener algún brillo especial, porque sonríes de esa forma tan tuya en que sabes exactamente qué es lo que voy a hacer a continuación. Así es. Voy a besarte. No puedo evitarlo y sonrío un poco al imaginar que ya lo sabes. Tu mirada se ilumina y yo me sonrojo, me hace tan feliz cuando tus ojos me miran así. Durante un segundo siento que soy lo único que hay en tu mundo, y eso me encanta. Así es, no hay como ocultarlo, voy a besarte.

Te tomo la mano, intentando que creas que era eso lo que iba a hacer, para poder tomarte por sorpresa, pero tú te adelantas e inclinas la cabeza. Y por dios.. ¿Qué más remedio? Me acerco para besarte, porque es imposible resistirme a tus labios cuando un beso es lo que quieres. Pienso en todo lo que podría hacerte, en todo lo que podrías querer de mí en ese momento. Pienso que de estar en algún otro lugar, yo estaría haciendo algo más que besarte... ya sabes, la clase de cosas que te hacen cerrar los ojos, contener el aliento y callar.

Me abrazas, y de una forma sutil y muerdes ligeramente mi cuello. ¡Oh, maldita sensación! No hay nada más hermoso que estremecerme en tus brazos y que te acerques más a mí. Me apartas el cabello de la oreja y susurras que me amas. Nos alejamos un poco y sostengo tu rostro entre mis manos, sé que te sonrío de aquella forma tan dulce, tan... inmersa, perdida en tu aroma. Y te contesto que también yo te amo. Nos besamos otra vez, es un beso muy dulce, y me siento volar. 

Así es, te besé. 

miércoles, 6 de agosto de 2014

Que lo ignores, no hace que desaparezca

A veces, cuando era más pequeña, solía pensar que si se repetía una palabra u oración corta muchas veces, una y otra vez, perdía el significado. Y así lo hacía cada vez que quería ignorar, olvidar o rechazar algo. La repetía hasta que comenzaba a sonar extraña en mis labios. Luego comprendí que no importaba cuantas veces la repitieras ni que dejara de tener sentido para ti, para las personas a tu alrededor aún tenía sentido, y para ellos tu solo eras la extraña persona que repetía palabras como una loca. Así que opté por dejar de decir esas palabras. Y resultó que como no salían de mis labios, las personas a mi alrededor no reaccionaban ante ella. El problema era que yo tenía que tener presente aquella palabra todo el tiempo para impedir que la dijera. Los hacía olvidar a ellos, pero no a mí.

Y ese es el asunto. Podemos ignorar cuántas situaciones querramos, ellas siguen ahí. Es como querer ignorar las nubes en un día nublado, que tu les des poca importancia o ninguna en absoluto no hace que se vayan. Puedes ignorar un sentimiento, incluso puedes simplemente no saber que ahí está, no deja de ser obvio ante las demás personas que ese sentimiento existe dentro de ti. Lo descubrí desde muy pequeña, pero me parece increíble que la gente crea que por dejar de mencionar algo, ésto vaya a desaparecer de la mente y corazón de alguna otra persona.

Hace mucho que la gente dejó de dialogar sobre éstas cosas. Yo misma opto por solo ignorar las cosas a veces, depende de la persona con quien esté. Y es que es... terriblemente mucho más fácil que pasar horas y horas intentando llegar a una conclusión de mutuo acuerdo, de mutuo entendimiento.

Hoy en día la gente ya no busca entenderse, no busca ayudarse. Hoy en día la gente buscar ignorarse. Ignorar los sentimientos, los pensamientos de los demás. Dicen que la ignorancia es felicidad... pero hoy en día, aunque todos se ignoren, yo no veo a mucha gente feliz.

Mis demonios

Son cautelosos y muy callados. Se mantienen en silencio para que no sepas que están ahí. Y ese es el gran problema, tu no puedes verlos. Hablas con ellos todos los días mientras me ves a los ojos, les sonríes, tomas sus manos, los besas, tu los amas a todos. Los escuchas, pero no los entiendes. Y yo no sé cómo hacerla de traductora cuando ha sido tan difícil entenderlos yo misma.

No voy a pedirte nada tan ridículo como que te pongas en mis zapatos. Somos tan diferentes, que sería imposible si quiera imaginártelo. Y ese es el problema, tu no puedes entender los demonios que viven dentro de mi. Sé que te desesperas, sé que a veces te hacen rabiar. Pueden ponerte triste, melancólico, o simplemente confuso porque no puedes comprender. Quiero que sepas que lamento todas esas cosas cada día de mi vida. Pero es algo con lo que debo lidiar... después de todo, esos demonios son míos, mi responsabilidad ineludible. Solo quería que supieras lo mucho que te agradezco que tu estés tratando de vivir con ellos también, que aprecio tu esfuerzo, tu cariño, paciencia y amor. Mis demonios son seres incomprendidos, tienen miedo a muchas cosas, y necesitan amor. Ellos son parte de mi.

Solo temo que siempre vaya a ser un problema el que no entiendas los demonios que viven en mi cabeza.

martes, 5 de agosto de 2014

Cuando dices que me amas

Es el dulce placer de escucharlo de tus labios lo que me enamora. Esa sonrisa dulce que viene después. Es la manera de admiración con que lo dices, como si nunca hubieras esperado sentir aquello por mi.

Tenerte de frente diciéndome aquello, me hace sentir afortunada. Como aquella estrella que alguien señala de entre todas las demás. Oírte diciéndome: "te amo" en un susurro me causa un suave cosquilleo que sube desde la punta de mis pies hasta el último de mis cabellos. Cuando lo dices con ternura... bueno, supongo que es así como debe sentirse estar ebria. Esas escasas veces en que lo dices con vehemencia, haces que se me acelere el corazón de tal modo que los colores me suben al rostro. Y esas pocas veces que me lo dices mirándome directo a los ojos, con esa seguridad palpable... esas veces me dejas sin habla. Necesito un momento para recordar cómo respirar.

Cuando dices que me amas escucho la mejor de las historias, siento la mejor de las sensaciones. Porque todo da color cuando dices que me amas.