A veces, cuando era más pequeña, solía pensar que si se repetía una palabra u oración corta muchas veces, una y otra vez, perdía el significado. Y así lo hacía cada vez que quería ignorar, olvidar o rechazar algo. La repetía hasta que comenzaba a sonar extraña en mis labios. Luego comprendí que no importaba cuantas veces la repitieras ni que dejara de tener sentido para ti, para las personas a tu alrededor aún tenía sentido, y para ellos tu solo eras la extraña persona que repetía palabras como una loca. Así que opté por dejar de decir esas palabras. Y resultó que como no salían de mis labios, las personas a mi alrededor no reaccionaban ante ella. El problema era que yo tenía que tener presente aquella palabra todo el tiempo para impedir que la dijera. Los hacía olvidar a ellos, pero no a mí.
Y ese es el asunto. Podemos ignorar cuántas situaciones querramos, ellas siguen ahí. Es como querer ignorar las nubes en un día nublado, que tu les des poca importancia o ninguna en absoluto no hace que se vayan. Puedes ignorar un sentimiento, incluso puedes simplemente no saber que ahí está, no deja de ser obvio ante las demás personas que ese sentimiento existe dentro de ti. Lo descubrí desde muy pequeña, pero me parece increíble que la gente crea que por dejar de mencionar algo, ésto vaya a desaparecer de la mente y corazón de alguna otra persona.
Hace mucho que la gente dejó de dialogar sobre éstas cosas. Yo misma opto por solo ignorar las cosas a veces, depende de la persona con quien esté. Y es que es... terriblemente mucho más fácil que pasar horas y horas intentando llegar a una conclusión de mutuo acuerdo, de mutuo entendimiento.
Hoy en día la gente ya no busca entenderse, no busca ayudarse. Hoy en día la gente buscar ignorarse. Ignorar los sentimientos, los pensamientos de los demás. Dicen que la ignorancia es felicidad... pero hoy en día, aunque todos se ignoren, yo no veo a mucha gente feliz.