Me siento más completa de lo que me había sentido en meses, porque ahora sé que soy más fuerte de lo que jamás pensé. El viento que golpea mi cara parece susurrar que estoy lista para continuar. Doy un paso y luego otro. Dejando atrás oportunidades, sueños y rencores. Camino hacia lo desconocido, hacia un futuro incierto, con esperanzas y deseos. Ahora sé que todos los suspiros, todas las lágrimas, valieron la pena.
En días como hoy, me gusta mirar y ver lo que pudo ser de mí. Lloro mucho, pero río aún más. Y mientras la noche cae, vienen a mi los recuerdos contra los que lucho más de lo que mis fuerzas me permiten. Recuerdos de una época preciosa, en donde fui feliz. Cuando él estaba conmigo. Admito que a veces me da miedo recordarlo, necesito seguir adelante y su recuerdo tira de mí hacia atrás. Esté donde esté, no puedo darme el lujo de esperarlo. El problema es que aún lo espero. No importa cuántas veces me vaya de un lugar o cuánto tiempo deje de pensarlo, yo siempre necesito regresar a él.
Es frustrante, pero es irremediable. Siempre estaré cerca de él, dispuesta a ayudarlo en lo que necesite. Mi cuerpo puede caminar todo lo que deseé, mi alma y mi corazón siguen sus pasos. Pero camine donde camine nunca estaré completa. Porque esa parte que me hace volver, ese espacio vacío entre el alma y el corazón, esa parte de mi que le pertenece, siempre me reclamará de vuelta. Y yo siempre habré de volver...

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