lunes, 28 de julio de 2014

¿Cómo debo recordarte?

A veces pienso en ti cuando siento que me derrumbo. Aún es difícil creer que fuiste una mentira, cada parte y cada palabra. Si es cuestión de confesar, una parte de mí sigue sin creerlo. Y sin embargo tiene todo el sentido que haya sido todo cuestión de una vívida imaginación y una ciega confianza. Has llegado a tanta gente, supongo que si tu intención era ser recordado, realmente lo serás. Por diferentes cosas. Algunas personas te recordará como la peor parte de su vida, otras como la mejor... y luego estoy yo. ¿Cómo se supone que debo recordarte? Me hiciste sentir algo especial, superaba mis miedos, tu me hacías enfrentarlos (no superarlos) y mantenerme firme hasta el final de a batalla. Me hiciste verte como lo más maravillosos que existía... La verdad, para mí lo eras antes de tantas mentiras.

Te amaba, cada parte de ti. Todo lo que me hiciste creer que eras, incluso aquellas cosas que me enfadaban, otras tantas que me daban miedo y me partían el corazón, yo aprendí a amar cada faceta que mostrabas. Yo te entendía, yo te justificaba cada una de las veces en que te equivocabas. No era necesario pensármelo mucho cuando me lastimabas, desde el momento en que las hirientes frases salían de tu boca, yo ya te había perdonado. Tuve amor, paciencia y comprensión para ti todo el tiempo, porque aunque no lo admitieras, tu necesitabas eso todo el tiempo. Intenté ser una amiga, intenté ser un apoyo, tu puerto seguro. Y lo fui, aunque nunca lo admitieras. Todo se nos dio en su momento. Tuvimos miles de oportunidades que ninguno de los dos supo aprovechar. Y tal vez fue lo mejor.

Sin embargo, mi diamante, me hiciste sentir dolor y miedo. Viví aterrorizada, con más de un trauma. Yo sufrí. Sufría tu ausencia, sufría tu presencia. Me estabas volviendo loca, tu me hiciste hacer cosas que no quería. Tomaste mis días, mis risas y lo tornaste todo de un triste color gris.

¿Debo recordarte como la gama de hermosos sentimientos que me provocaste, o como el frío miedo que me atenazaba las entrañas?

No eran necesarias, ninguna de esas tantas mentiras. Tu ya me tenías, solo debiste haberme pedido cualquier cosa, yo estaba en tus manos. Aunque supongo que debo agradecerte. Contigo aprendí lo que hace una persona enamorada, contigo aprendí a guardar la calma cuando sentía que nada tenía sentido. Tú me hiciste fuerte, es la verdad. Sin ti yo no sería ni remotamente parecida a la persona que soy ahora, y te lo agradezco. Del fondo de mi corazón, te lo agradezco. Por nuestros secretos, por tus mentiras, por mis ilusiones y por el dolor. Muchas gracias por todo. Muchas gracias por tan extraña historia de amor.

miércoles, 23 de julio de 2014

La asfixia del corazón

Supongo que todos hemos sentido alguna vez la asfixia del corazón, aunque claro, cada cual tiene su particular manera de llamar a éste sentimiento. Es esa sensación de ligero dolor cuando piensas en algo, cualquier cosa, que te aflija. Es esa punzada que se va y regresa casi al instante. Son como agujas que se clavan en el lado izquierdo de tu pecho.

No sé cómo lo experimente ustedes, pero en lo que a mi respecta, me hace pensar en ese momento en que te estás quedando sin aire. Cuando era niña, solía jugar competencias con mi primo para ver quién aguantaba la respiración. Yo llegaba a un punto, en el cuál estaba completamente consiente de que no tenia nada de aire en mis pulmones, pero sabía que si respiraba, perdería. Así que soportaba, y llegaban las agujas que se clavaban en mi pecho, pequeñas al principio, pero frecuentes. Y después llegaba un momento en que, a pesar de no estar respirando, no sentía la necesidad de hacerlo, sabía que estaría bien, hasta que llegaba el mareo. Cuando comenzaba a marearme esas agujas se clavaban más fuertemente en mi pecho, y era entonces cuando tenía que respirar, no tanto por mis pulmones, si no por esas mismas condenadas agujas. Es de ahí que he sacado el nombre. Porque es igual a aquella sensación de estarte asfixiando.

¿La verdad? Supongo que es miedo. Era realmente eso lo que me impedía seguir conteniendo la respiración, más que dolor, más que angustia, era miedo. Y es eso lo que siento cuando recuerdo que no podré verte en un buen tiempo; es miedo. Es lo que hace el miedo, te envuelve, se clava en tu corazón una y otra vez para que te detengas, para que pienses mejor las cosas, tal vez para que cambies tu objetivo. Pero no es algo que yo esté dispuesta a hacer. Ya no más, quiero decir.

Mi objetivo sigue siendo el mismo; estar a tu lado. Me quedaré a tu lado por mucho que la asfixia del corazón me acose. Tú me haces fuerte. Tú me haces bien. Tu eres el respiro de aire puro que necesito para que la asfixia se vaya. Puedes no ser una necesidad básica de mi cuerpo, pero eres la necesidad más importante de mi alma.

Para evadir nuestras vidas

Es extraño como las cosas pueden estar realmente mal y tu puedes seguir actuando como si nada pasara porque, realmente, no está pasando nada. Pero el hecho de que sea un secreto, no significa que aquellas cosas no estén pasando realmente, y definitivamente no significa que no tendrás que enfrentarlas en algún momento.

Aunque la verdad, es que creo nos gusta engañarnos. Ya saben, ese momento en que sabemos que todo saldrá mal y seguimos prometiendo que todo saldrá bien. O ese momento en que mentimos sabiendo que nuestra mentira no durará mucho tampoco. Los humanos seguimos engañándonos constantemente, creando una realidad que queremos. Cómo pensar en decirle algo a tus padres y creer que por primera vez entenderán, que ellos no irán en contra de tus deseos, que tomarán en cuenta tu forma de ser, qu
e no exagerarán todo hasta el límite y que dejarán de tener ideas tan retrógradas y antiquísimas. Pero la realidad es que cuando hablas, te das cuenta que te estabas engañando, no hay modo de cambiar a una persona que ha sido así durante tanto años, y la única solución posible para ellos es que cambies tu ¿porqué? porque ellos no están dispuestos a entender este nuevo mundo con sus modismos, ellos están para entender el suyo y ese es el gran problema entre generaciones.

Los libros, las series de televisión, programas infantiles, videojuegos, etc. Todos ellos están hechos para darte una realidad alterna que puedas realmente disfrutar. Y a todos nos encanta por que tenemos mucha variedad. Si no me gustó un libro, fácilmente puedo escoger otro cuya realidad sea más a mi estilo, más como me gusta. Por eso es que nos volvemos tan adictos a las cosas, porque nos gusta la realidad que nos plantean mucho más que nuestras propias vidas. No podemos controlar a la gente a nuestro alrededor, mucho menos a los que represan una autoridad ante nosotros, pero en nuestras vidas alternas, las personas actúan justamente como queremos, como nos gustaría. ¡Y aunque no sea así, no nos afecta! ¡Vaya paraíso, vaya engaños! Pero sí que es dulce tenerlos. Es placentero, llena esa parte vacía en nosotros esas pequeñas realidades alternas. Hacen nuestra vida más llevadera, la hacen más manejable. Hacen todo infinitamente más fácil.

martes, 22 de julio de 2014

Ansias de ti.

Pensarte me hace extrañarte cada vez más. Recuerdo tus besos, esa dulce sensación de tus labios sobre los míos. Recuerdo esa tarde, tu manos sobre mis hombros y el escalofrío que me recorrió cuando besaste mi cuello. Mi piel se estremecía allí donde tus labios rozaran. Puedo sentir, incluso ahora estando sola en mi habitación, tu respiración en mi oído. Puedo oír tu voz diciéndome que me amas.

Y de repente todo pasó de la cosa más dulce a lo más intenso. Quería tenerte cada vez más cerca, y a pesar que ya estábamos tan cerca, yo quería más. No sé, hasta la fecha, si nos fusionamos o si solo perdimos noción del mundo. No lo sé, tal vez fueron ambas. Y también puedo recordar la ternura en tus ojos después de todo. Esa manera tan especial en que me miraste, cómo nos reímos ¿por nervios tal vez? No, es que era algo muy natural, simplemente algo que debió pasar, algo que tu y yo vimos de la manera más tierna. Te necesitaba, tenía ansias de ti. En realidad, desde entonces, no dejo de tenerlas.

Como una confesión adjunta, debo admitir que me hiciste volar. No estaba realmente consciente de lo que pasaba en la tierra, más consciente era de lo que pasaba en algún lugar extraño entre nuestras almas. Dicen que las almas se unen a través del aliento. Yo no sé qué magia hiciste, no sé lo que me hiciste, pero desde entonces, en que nuestros alientes se mezclaron, mi alma quedó unida a la tuya. ¿Por cuánto? Realmente no lo sé, pero te siento. Cada minuto, cada vez que te pienso. Y es que tengo ansias de ti.

No hay manera

No hay manera de detener la lluvia una vez que las gotas han comenzado a caer, ni de detener los rayos del sol una vez que han comenzado a asomar en el horizonte. Así como es de imposible detener la fuerza de las olas del mar cuando hay tormenta, así de imposible será que me aparten de ti.

Por mucho que digan, por mucho que piensen, yo sé lo que es ésto. No hay manera de que me hagan sentir culpable, de que me hagan sentir mal, porque sé lo puro del sentimiento que compartimos. Sé que no hay malicia, ni maléficas intenciones como osan pensar. No tengo miedo, puedo decirlo. Y por primera vez me siento completamente segura de algo. No van a apartarme de ti. Ésto no lo controla una obra divina, ni un destino, ni la autoridad. Ésto está en mi completo control. Ya basta de opresiones y de dudas. No hay manera de que deje de sentir ésto que siento. Y así de inevitable como es la noche, así de inevitable será que estemos juntos. Y por supuesto, cabe mencionar que no hay manera en que deje de amarte.

miércoles, 16 de julio de 2014

Incertidumbre

Esa ineludible sensación de que algo va mal, esa certeza de que algo malo va a pasar que te atenaza las entrañas. No cabe duda, algo malo va a pasar. Todo lo indica. Sólo mira las nubes, respira ese aire, mírate en ese espejo. No cabe duda, algo malo pasará.

Yo no sé de leyes de atracción ni de esas cosas que la gente dice que podemos controlar. Es un presentimiento, una corazonada que me indica que lo mejor que puedo hacer es huir. Es un instinto casi animal. Pero es un temor casi humano. Y es una preocupación casi real. Ese "casi" hace la diferencia de cualquier forma, porque no es un instinto animal ni un temor humano, y sin duda la preocupación no es real y sin embargo ahí sigue, esa incertidumbre que amenaza mi día. "¿Qué pasará? ¿Cuando será? ¡Hoy sera el día donde no haya retorno!" entre más brutalidades y exageraciones que me vivo pensando cuando la incertidumbre me ataca. Me convierte en un ser poco sociable, con ansias de más. Me provoca alergia a la luz y repelo del amor. ¡Maldito sea tu terrible efecto en mi! 

Me tomas por sorpresa, me atacas por la espalda y me dejas de revés. Pero ¡Oh tú, maldita incertidumbre! Convertiré mi mente en calma y de hierro el corazón. ¡Te dejaré en el suelo cuando me visites otra vez, y ya veremos quién ríe mejor!

lunes, 14 de julio de 2014

Te quiero.

Creo que la noche es el momento en que los pensamientos más profundos fluyen. Casualmente, durante la noche es que pienso en ti. Llegas tan repentino como la muerte, sin que nadie te espere. Sin embargo, a diferencia de la muerte, yo a ti te quiero. Y dudo que haya un ser en éste mundo que quiera a la muerte como yo te quiero. Dudo que alguien quiera vivir con la muerte de la mano, y yo quiero vivir así contigo. Todos quieren morir sin dolor, yo solo pido morir a tu lado porque te quiero. Todos se resisten al final inevitable de morir, yo me entrego a la evitable muerte que representas. Me gusta imaginar que puedo morir en cualquier momento estando contigo. Mientras tomas mi mano, mientras me besas, mientras me das la más suave de tus caricias; y es que no puedo imaginar mejor cosa que morir al tacto de la persona que tanto quiero. No me resisto a la muerte porque te quiero. Sé que contigo todo estará bien, y si tú estás bien no tendré que preocuparme.

Todos quieren morir rápidamente, yo solo pido una muerte contigo. Todos parecen querer vivir por siempre, yo quiero morir contigo un momento. Solamente porque te quiero.

Creo que fue eso

No sabría decir qué fue lo que me cautivó en ese momento. En realidad, creo que podría decir que fue su mirada. Para ser honesta, nunca había visto (ni he vuelto a ver) unos ojos así. Tan negros, tan profundos, tan infinitamente misteriosos.

El problema con los misterios infinitos es que nunca terminas de asombrarte. Y eso puede ser tanto bueno, como malo. En mi caso, que estoy llena de curiosidad por descubrir toda la verdad de aquello que me intriga, un misterio infinito resulta gravemente adictivo. Eso fue lo que me pasó con él. Me volví a adicta a esos ojos, a esa sonrisa, a esos cambios de humor tan espontáneos. Yo quería saber. Quería saberlo todo, descubrir la verdad detrás de aquellas palabras que sabía que escondían más. Supongo que me gustó pensar que había mucho más de lo que yo veía, que era mucho más de lo que yo veía.

No estuve tan equivocada, en realidad. Era mucho, mucho más de lo que yo pensaba... pero no de la manera en que me habría gustado. ¿Qué puedo decir? Estaba enamorada de la persona que era conmigo, de su manía por pasarse la mano por el cabello, como si intentara peinarlo. Cómo cruzaba los brazos cuando estaba nervioso o se ponía a la defensiva. Ese brillo en sus ojos que me hacía sentir... especial. Estaba cegada, por completo. Había cosas que no podía ver como la manera en que trataba a las demás, la complicidad entre las miradas, el miedo en los ojos ajenos. Y había cosas que no quería ver. Lo descarado de la sonrisa, lo misterioso de la voz... la forma en que actuaba frente a diferentes personas. Yo lo permití, durante mucho tiempo. Dejé que me hablara de cosas que quería creer. Me decía lo quería escuchar. Me mostró la mejor parte de él, y lo que yo creía que era la peor también. Y me seguía pareciendo la persona más admirable que podía haber. Es maravilloso lo que puede hacer un poco de amor ¿no es así?

Bueno... lo que puede hacer tantísimo amor, mejor dicho. No me arrepiento ni por un momento y creo que de tener que repetirlo todo, lo haría exactamente igual. Somos quienes somos gracias a nuestro pasado. El mío es un rebuscado juego de azar hecho para perder. Pero gracias a ello soy quien soy, y me siento feliz de serlo.

Lo amaba, no me avergüenzo. Pero desde hoy, decidí dejar todo esto atrás, que es donde debió quedarse... y no me retracto.

viernes, 11 de julio de 2014

La decisión más dificil

El corazón tiene la capacidad de decidir las verdades y mentiras según lo que quiera creer. Tus decisiones influyen en tu mente, pero no en tu corazón. Y creo que nos engañamos por mero gusto... por que tal vez sabemos que aceptar la realidad va a ser mucho más doloroso de lo que podíamos imaginar porque... confiábamos ciegamente. Y es que es un gran problema confiar así en las personas. Creo que la mejor forma de vivir la vida es prepararse para lo peor y esperar lo mejor. Porque realmente debemos de estar preparados para las peores cosas solo en caso de que ocurran y esperar las mejores por que es eso lo que sin duda nos haría bien.

No creo que sea fácil cerrar un capítulo e iniciar otro... no creo que siquiera decidirse a hacerlo sea fácil, pero a veces es lo mejor. Es más, es necesario. Y puede doler, lo sé... pero hay cosas, situaciones o personas que sin que sea su intención, resultan tóxicas o dañinas... no sabes lo colorida que puede ser tu vida si decides abrir tus ventanas.

Así que a clamar valor y hacer lo que haga falta. Después de todo, es la mejor solción

Autosabotaje

Ése era el asunto, precisamente. Siempre regresaba. No importaba cuántos días hubieras pasado, ni cuánto tiempo llevara resistiendo el deseo de hablarle, al final siempre encontraba una forma de romper mi resistencia, y él no tenía que mover un dedo. Era yo misma quien me corrompía. Tengo que aceptarlo, y aprender a entender que siempre habrá una parte que no lo va a dejar ir. No importa lo que haga o diga, no importa cuánto intente dejarlo pasar, estoy aferrada a él en un sentido no tan fácil de explicar. Podríamos decir que es mi adicción. Me encantan sus palabras, me embriago en sus pensamientos. Me encanta envolverme en la pasión de su moral, en su forma de ser que tan perfecta me parece. Lo admiro y lo amo, como no lo he hecho con nadie. Lo aprecio y procuro como nadie me ha inspirado a hacer antes. Amo soñar despierta su nombre y no hay nada que me haga más feliz que tatuar en mi piel sus ojos negros y su sonrisa encantadora que deja sin aire mi ser

miércoles, 9 de julio de 2014

Y duele...

Hoy lo veo claro, eres la piedra con la que siempre tropiezo. Eres lo que no pudo ser, y nunca será. Una lágrima no basta, llorar no sirve para expulsar tanto dolor, y lo único que puedo hacer es ocultarme en mi máscara de hierro otra vez. Esconderme de lo que siento, olvidarme hasta de mí misma. Y duele. Tus palabras siempre se han grabado en mi alma con fuego, y siempre he seguido su luz. No importa cuántas veces ha pasado que el fuego se apaga y solo deja cenizas, yo aún lo sigo. 

No te culpo a ti, ni a mí misma, no hay nada que to pueda hacer cuando mi corazón se opone a mi razón, Soy ignorante de todo cuando se trata de ti, no sé de maldad ni de sufrimiento hasta que decides marcharte, y es inevitable. Solo tengo el sabor amargo que dejaste en mi alma, ese vacío impresionante en
mi corazón... y eso es lo que siempre conservo. Solo dime que ésto pasará y que todo estará bien. Quiero creer que todo terminará pronto, necesito saberlo. Que te irás o te quedarás, pero que al fin decidirás alguna de las dos y dejarás de atormentarme. 

Necesito creer que el mundo no es tan cruel. Pero no lo creo.

Triste invierno, duros tiempos

Ahora creo poder sentir cómo se siente un árbol sin sus hojas durante el invierno. Expuesta a todo daño, sin nada que me produzca alegría. Como si alguien me hubiera arrebatado algo necesario para mi organismo, no como algo sin lo que no pueda vivir, sino... algo por lo que ya no tiene sentido vivir. Ahora creo poder sentir la lejanía de la primavera, de tiempos mejores. Ahora veo que estoy inmóvil, inútil, impotente. Sin poder ayudar, siempre estancada. Creo entender la impotencia que siente  un árbol al ver que mientras se cree morir sin su cobijo, los días siguen, los humanos caminan, las noches y los días pasan frente a ellos, como di de una broma cruel se tratase. Ahora creo poder sentirme como un árbol sin hojas...

Ésta impotencia

Nunca he soportado el silencio. No tiene que haber ruido, pero al menos debo poder escuchar el incesante rechinar de una puerta, de un ventilador andando. No lo sé, sonidos leves, casi imperceptibles para todos, menos para mi. 

Nunca había entendido realmente porqué el silencio me agradaba tan poco, principalmente porque acabo de notarlo hace no mucho. Pero el silencio me hace darme cuenta de ciertas cosas que no quiero aceptar. Y hoy, me doy cuenta de que mi dolor realmente no importa. He pasado mucho tiempo aquí sentada y a nada a mi alrededor parece importarle que mi mundo se haya venido abajo. Me  enfurece que el sol se atreva a salir sabiendo que él no estará. Para el mundo en general, él no era nada. A eso quedamos reducidos, eso somos. Somos dolor contenido dentro de un cuerpo y al dejarlo, el dolor entra y vive en la piel de cada uno, creando su nido en un cómodo rincón. Me enfurece ver que anochece y vuelve a amanecer, me lastima ver que para el mundo no somos nada.

Y ahora aquí estoy. En éste extraño mundo que no conozco, del que no me puedo ir porque él me pidió que me quedara... ¿Quién soy yo para no cumplir la última voluntad de
la persona que más amo en el mundo? De nuevo no soy nadie. En realidad, lo que duele es que me aferro a él como mi único escape, porque el resto del mundo se aferra a mi como un capricho desesperado

La parte de mi que le pertenece

Me siento más completa de lo que me había sentido en meses, porque ahora sé que soy más fuerte de lo que jamás pensé. El viento que golpea mi cara parece susurrar que estoy lista para continuar. Doy un paso y luego otro. Dejando atrás oportunidades, sueños y rencores. Camino hacia lo desconocido, hacia un futuro incierto, con esperanzas y deseos. Ahora sé que todos los suspiros, todas las lágrimas, valieron la pena.

En días como hoy, me gusta mirar y ver lo que pudo ser de mí. Lloro mucho, pero río aún más. Y mientras la noche cae, vienen a mi los recuerdos contra los que lucho más de lo que mis fuerzas me permiten. Recuerdos de una época preciosa, en donde fui feliz. Cuando él estaba conmigo. Admito que a veces me da miedo recordarlo, necesito seguir adelante y su recuerdo tira de mí hacia atrás. Esté donde esté, no puedo darme el lujo de esperarlo. El problema es que aún lo espero. No importa cuántas veces me vaya de un lugar o cuánto tiempo deje de pensarlo, yo siempre necesito regresar a él.

Es frustrante, pero es irremediable. Siempre estaré cerca de él, dispuesta a ayudarlo en lo que necesite. Mi cuerpo puede caminar todo lo que deseé, mi alma y mi corazón siguen sus pasos. Pero camine donde camine nunca estaré completa. Porque esa parte que me hace volver, ese espacio vacío entre el alma y el corazón, esa parte de mi que le pertenece, siempre me reclamará de vuelta. Y yo siempre habré de volver...