Supongo que todos hemos sentido alguna vez la asfixia del corazón, aunque claro, cada cual tiene su particular manera de llamar a éste sentimiento. Es esa sensación de ligero dolor cuando piensas en algo, cualquier cosa, que te aflija. Es esa punzada que se va y regresa casi al instante. Son como agujas que se clavan en el lado izquierdo de tu pecho.

No sé cómo lo experimente ustedes, pero en lo que a mi respecta, me hace pensar en ese momento en que te estás quedando sin aire. Cuando era niña, solía jugar competencias con mi primo para ver quién aguantaba la respiración. Yo llegaba a un punto, en el cuál estaba completamente consiente de que no tenia nada de aire en mis pulmones, pero sabía que si respiraba, perdería. Así que soportaba, y llegaban las agujas que se clavaban en mi pecho, pequeñas al principio, pero frecuentes. Y después llegaba un momento en que, a pesar de no estar respirando, no sentía la necesidad de hacerlo, sabía que estaría bien, hasta que llegaba el mareo. Cuando comenzaba a marearme esas agujas se clavaban más fuertemente en mi pecho, y era entonces cuando tenía que respirar, no tanto por mis pulmones, si no por esas mismas condenadas agujas. Es de ahí que he sacado el nombre. Porque es igual a aquella sensación de estarte asfixiando.
¿La verdad? Supongo que es miedo. Era realmente eso lo que me impedía seguir conteniendo la respiración, más que dolor, más que angustia, era miedo. Y es eso lo que siento cuando recuerdo que no podré verte en un buen tiempo; es miedo. Es lo que hace el miedo, te envuelve, se clava en tu corazón una y otra vez para que te detengas, para que pienses mejor las cosas, tal vez para que cambies tu objetivo. Pero no es algo que yo esté dispuesta a hacer. Ya no más, quiero decir.
Mi objetivo sigue siendo el mismo; estar a tu lado. Me quedaré a tu lado por mucho que la asfixia del corazón me acose. Tú me haces fuerte. Tú me haces bien. Tu eres el respiro de aire puro que necesito para que la asfixia se vaya. Puedes no ser una necesidad básica de mi cuerpo, pero eres la necesidad más importante de mi alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario