lunes, 12 de enero de 2015

Tan fuerte... tan frágil

-¿Alguna vez lo has sentido?-preguntó ella en un susurro casi inaudible

Él no contestó, estaba muy ocupado guardando ropa y artículos de cuidado personal en su maleta.

-Es horrible... lo sientes como una ráfaga de viento, que te hiela la sangre. Después se convierte en calor que te quema justo en la boca del estómago. Hace subir tu temperatura. A pesar de eso, sientes mucho frío. Y el frío sube e invade tu pecho. Los latidos del corazón se vuelven pesados, lentos, pero intensamente fuertes. Un solo latido te hace temer que tengas una costilla rota. Tal es su fuerza...-continuó diciendo

El hombre carraspeó.

-Ya fue suficiente de hacerte la víctima. Si me estoy yendo es por tu maldita culpa. Deberías estar más concentrada pensando en cómo arreglar tu vida, que en decir idioteces-soltó

Ella no dijo nada, tenía la mirada perdida, y aunque pareciera que no lo había escuchado, sí que lo había hecho. Lo miró cerrar la maleta con rabia y tomar un largo, profundo suspiro. Entonces la miró. su expresión era suave a pesar de lo tosco de sus facciones. Tan tranquila era su expresión, que cualquiera lo habría tomado por compasión, pero no. Ella sabía la diferencia a la perfección, eso que reflejaba su rostro era lástima. Si hubiera tenido fuerzas para sentir enojo, lo habría hecho. Pero lo único que pudo hacer ante su mirada, fue mantener sus ojos firmes, sin retirarlos ni siquiera por un momento.

-Lamento mucho todo ésto, pero fue tu culpa que yo ya no pudiera soportar ni un segundo más en ésta casa. Ya encontrarás un hombre que esté dispuesto a soportar este asco de vida-le dijo

Cuando le dio la espalda ella bajó la mirada.

-Te dejé entrar- susurró

El hombre la miró sin comprender

-Quité todas mis defensas... esas barreras que me tomó años construir, reforzar. Yo te dejé entrar. Decidí mostrarme tal y como era, desnudé mi alma para ti. Te mostré todo, cada parte de mi mente, todos mis miedos... Y ahora... ¿Te irás así? ¿Después de todo?- su voz era tan baja que se escuchaba como si estuviera hablando para sí misma

-Desnudaste tu alma, pero con tu cuerpo me bastaba-se rió con malicia-Escucha, no sé qué clase de problemas tengas, pero no me importan. Tengo una vida que vivir, y no me quedaré a solucionarte la tuya-se colgó la maleta al hombro

Él salió de la habitación dejándola sola. Fue entonces cuando comenzó a llorar de una forma silenciosa, que dolía escuchar el resbalar de las lágrimas por su rostro.

-¿Alguna vez lo has sentido?- preguntó aunque él ya no la escuchaba- Ese momento en que el miedo te invade... y ya no sabes qué hacer-

Lo escuchó cerrar la puerta tras él.

Silencio. De esa clase que te hace preguntarte si hay vida de algún tipo.
Llanto. Inconsolable y callado.

Le tomó 5 minutos levantarse del sofá en el que se había sentado, con las piernas abrazadas. Se levantó y se miró al espejo. Una cara demacrada, húmeda por las lágrimas. La invadió una sensación de odio, de enojo y de rencor. Golpeó el cristal con todas sus fuerzas. Su mano comenzó a sangrar.

"No puedes confiar en nadie. No seas débil, ésto no tiene importancia. Va a arrepentirse un día. Lo odio" se decía a sí misma mirándose al espejo. Y poco a poco comenzaba a levantar de nuevo sus muros que la protegían del resto. Ocultó en su semblante la tristeza, reemplazándola por la fiera expresión. Las lágrimas y el resto de las emociones que la hacían débil quedaron dentro de aquellos muros, como un recordatorio de lo que le había hecho, de que no podía confiar. Lavó sus heridas, las desinfectó y envolvió su mano en una venda. Sacó del ropero su ropa favorita, y con toda la seguridad del mundo, salió de su departamento para perder el tiempo. ¿En qué? lo que fuera que pudiera dejarle en claro al mundo lo poco que había significado que él se fuera.

Así es ella. Una mezcla confusa de emociones, que oculta dentro de la fortaleza más fuerte jamás creada.
Ella es así. El corazón más suave y lastimado del mundo, que guarda en un cofre impenetrable.

Ella te mirará como si no fueras nada, y si quiere, te hará sentir que no eres nada. Te dirá lo insensible que es y presumirá de ello como si se enorgulleciera. Será fría y cortante con sus palabras y frases. Pero no pierdas la calma, porque ella tiene miedo. Porque solo intenta apartarte.

Si ella te dice que no le importa, con una expresión fría y la mirada impenetrable, es muy probable que lo haga. Así que aguarda, y cuando no menos lo espere, pide perdón. Le sacarás una sonrisa

El truco es hacer lo que ella menos espera, cuando menos lo espera. Para penetrar sus murallas, atacas en los puntos débiles. Hace falta paciencia y perseverancia, pero vale la pena ser merecedor del corazón que esos muros guardan. Romper las defensas no es fácil, pero lo que hay dentro lo vale.

sábado, 23 de agosto de 2014

Un beso..

Me acerco a ti, imagino que mis ojos deben tener algún brillo especial, porque sonríes de esa forma tan tuya en que sabes exactamente qué es lo que voy a hacer a continuación. Así es. Voy a besarte. No puedo evitarlo y sonrío un poco al imaginar que ya lo sabes. Tu mirada se ilumina y yo me sonrojo, me hace tan feliz cuando tus ojos me miran así. Durante un segundo siento que soy lo único que hay en tu mundo, y eso me encanta. Así es, no hay como ocultarlo, voy a besarte.

Te tomo la mano, intentando que creas que era eso lo que iba a hacer, para poder tomarte por sorpresa, pero tú te adelantas e inclinas la cabeza. Y por dios.. ¿Qué más remedio? Me acerco para besarte, porque es imposible resistirme a tus labios cuando un beso es lo que quieres. Pienso en todo lo que podría hacerte, en todo lo que podrías querer de mí en ese momento. Pienso que de estar en algún otro lugar, yo estaría haciendo algo más que besarte... ya sabes, la clase de cosas que te hacen cerrar los ojos, contener el aliento y callar.

Me abrazas, y de una forma sutil y muerdes ligeramente mi cuello. ¡Oh, maldita sensación! No hay nada más hermoso que estremecerme en tus brazos y que te acerques más a mí. Me apartas el cabello de la oreja y susurras que me amas. Nos alejamos un poco y sostengo tu rostro entre mis manos, sé que te sonrío de aquella forma tan dulce, tan... inmersa, perdida en tu aroma. Y te contesto que también yo te amo. Nos besamos otra vez, es un beso muy dulce, y me siento volar. 

Así es, te besé. 

miércoles, 6 de agosto de 2014

Que lo ignores, no hace que desaparezca

A veces, cuando era más pequeña, solía pensar que si se repetía una palabra u oración corta muchas veces, una y otra vez, perdía el significado. Y así lo hacía cada vez que quería ignorar, olvidar o rechazar algo. La repetía hasta que comenzaba a sonar extraña en mis labios. Luego comprendí que no importaba cuantas veces la repitieras ni que dejara de tener sentido para ti, para las personas a tu alrededor aún tenía sentido, y para ellos tu solo eras la extraña persona que repetía palabras como una loca. Así que opté por dejar de decir esas palabras. Y resultó que como no salían de mis labios, las personas a mi alrededor no reaccionaban ante ella. El problema era que yo tenía que tener presente aquella palabra todo el tiempo para impedir que la dijera. Los hacía olvidar a ellos, pero no a mí.

Y ese es el asunto. Podemos ignorar cuántas situaciones querramos, ellas siguen ahí. Es como querer ignorar las nubes en un día nublado, que tu les des poca importancia o ninguna en absoluto no hace que se vayan. Puedes ignorar un sentimiento, incluso puedes simplemente no saber que ahí está, no deja de ser obvio ante las demás personas que ese sentimiento existe dentro de ti. Lo descubrí desde muy pequeña, pero me parece increíble que la gente crea que por dejar de mencionar algo, ésto vaya a desaparecer de la mente y corazón de alguna otra persona.

Hace mucho que la gente dejó de dialogar sobre éstas cosas. Yo misma opto por solo ignorar las cosas a veces, depende de la persona con quien esté. Y es que es... terriblemente mucho más fácil que pasar horas y horas intentando llegar a una conclusión de mutuo acuerdo, de mutuo entendimiento.

Hoy en día la gente ya no busca entenderse, no busca ayudarse. Hoy en día la gente buscar ignorarse. Ignorar los sentimientos, los pensamientos de los demás. Dicen que la ignorancia es felicidad... pero hoy en día, aunque todos se ignoren, yo no veo a mucha gente feliz.